Todavía existe un bajo nivel de financiamiento de la agricultura familiar, en que pese a la existencia de diferentes experiencias y de los diversificados resultados alcanzados en cada uno de los países de la región.
Es lo que ha impedido fuertemente el desarrollo de una producción sustentable y ha llevado una gran parte de la producción actual a restringirse a los mercados locales. Aunque no sea suficiente en sí para impulsar el proceso productivo rentable, la disponibilidad de recursos financieros es condición indispensable para alcanzarse aquel objetivo.
Los debates enfatizaron que el crédito rural es un instrumento de gran importancia para mantener la estabilidad de la producción y de la renta de los agricultores familiares.
Se estableció también que la propia naturaleza de la actividad, con ciclos de producción mayores y más rígidos, dificulta, cuando no impiden simplemente, la compatibilización de los flujos de ingresos y egresos — los gastos se concentran en determinadas fases del proceso de producción, especialmente en el plantío, mientras los ingresos se obtienen tan solo después de la cosecha.
Entre un momento y otro, la producción agropecuaria queda sujeta a riesgos naturales de los años buenos y años malos y a las fluctuaciones muchas veces aleatorias de las condiciones de mercado, a las cuales la agricultura familiar tiene mayor dificultad para responder y adaptarse. Eso aumenta la dependencia de los pequeños productores en relación al crédito y reduce su capacidad de autofinanciamiento, además de elevar las tasas de interés de mercado a las cuales los agricultores y agricultoras quedan sujetos debido al nivel más elevado de riesgo y variación de los ingresos.
Esa lógica de los bancos comerciales impide adecuar sus condiciones para realizar préstamos adaptados a la realidad de la agricultura familiar.
Otro aspecto son las garantías exigidas por los agentes financieros. Para reducir los riesgos e incertidumbres inherentes a la actividad agrícola, los bancos exigen garantías que pueden alcanzar los bienes de quien obtiene el préstamo y de sus fiadores, que los pequeños agricultores generalmente no pueden ofrecer.
Del conjunto de la falta de sintonías entre intereses de unos y necesidades de otros, como ejemplo de lo que ocurre también con la cuestión del seguro de riesgos, sucede que raramente las instituciones financieras convencionales participan en ese mercado, generalmente dejando a los bancos suplir esa deficiencia del sistema.
Programas especiales de crédito han sido creados para evitar esa dificultad, tratando de adaptar a las condiciones de los agricultores familiares tres instrumentos básicos: oferta de recursos, condiciones de pago con intereses bajos y plazos de reembolso y condiciones de garantía.
Varios programas de este tipo se encuentran en funcionamiento en los Estados Parte del MERCOSUR. En su mayoría son proyectos de duración determinada, financiados o cofinanciados por organismos internacionales, con excepción del Programa Nacional de Fortalecimiento de la Agricultura Familiar (PRONAF), de Brasil, por su dimensión y por su carácter permanente, financiado con recursos presupuestarios del Gobierno Federal.
Las políticas deben ser perfeccionadas continuamente, buscando garantizar su efectividad. En el caso del crédito, es fundamental también una política de asistencia técnica que trae mayor calificación de la aplicación de los recursos financieros. Además de la comercialización es importante una política de seguro de precios para garantizar la estabilidad de la renta. En el caso de Brasil, están siendo implementadas políticas de asistencia técnica y de seguro de precios.
La REAF sugirió también algunas líneas generales de ese tratamiento diferenciado, comenzando por las condiciones de acceso al financiamiento. En esta área es preciso que existan criterios específicos de calificación y garantías, con supervisión de las instituciones bancarias por parte de las autoridades nacionales competentes para tal fin. También es indispensable promover el desarrollo de instituciones de intermediación financiera especializadas para atender a este sector y tener especial atención a la facilitación del acceso al crédito por las mujeres, en condiciones de igualdad.
La necesidad de capitalización de la agricultura familiar es igualmente importante, contemplándola con la inversión de recursos públicos no reembolsables u otras alternativas que permitan la capitalización, en paralelo a obras de infraestructura comunitaria, de modo que permitan la complementación de los recursos de crédito para el financiamiento del sector.
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